El planeta Tierra está envuelto en una atmósfera, es decir, una fina capa de gas. Otros planetas, así como la mayoría de las estrellas, también tienen atmósferas, en muchos casos bastante más extensas que la atmósfera de la Tierra. Ahora ALMA descubrió dos jóvenes galaxias que se llevan los laureles, con atmósferas que se extienden por decenas de miles de años luz más allá de su capa visible. Y por cierto: no son atmósferas de oxígeno y nitrógeno, como la de la Tierra, sino de gas de hidrógeno frío.

Estas enormes atmósferas se conocen como superhalos, y son retroiluminadas por galaxias que se encuentran aun más lejos. Estas galaxias tienen núcleos muy luminosos, conocidos como cuásares. En su trayecto hasta la Tierra, la luz de estos cuásares atraviesa la nube de gas, al igual que la luz de un poste de iluminación pública que brilla a través de una capa de niebla. Gracias a este fenómeno, los astrónomos ya sabían de la existencia de los superhalos.

Sin embargo, nunca habían podido ver las galaxias, debido a que son mucho más tenues que los cuásares que tienen detrás: es un poco como tratar de ver la llama de una vela a plena luz del día. Ahora ALMA detectó las galaxias por primera vez, no a través de la luz visible, sino en longitudes de onda milimétricas. Este tipo de radiación captado por ALMA es emitido por zonas incubadoras de estrellas dentro de los discos principales de las galaxias.

Lo curioso es que las galaxias no estaban cerca de los cuásares que tenían detrás, como esperaban los astrónomos, sino bastante más lejos. Esto solo podía significar una cosa: la capa de gas de hidrógeno –la “atmósfera” de la galaxia– debía ser enorme, de lo contrario no sería retroiluminada por el cuásar.

Los astrónomos no saben si el gas de hidrógeno tiene la forma de un verdadero halo (que rodearía la galaxia por todos lados) o de un disco plano y extenso. De lo que sí están seguros es que la cantidad de gas de hidrógeno es enorme.

Como las galaxias se encuentran a unos 12.000 millones de años luz de la Tierra, los astrónomos la ven como eran hace 12.000 millones de años, cuando el Universo aún estaba en su infancia. En el futuro, es posible que el gas de los superhalos fluya hacia las galaxias y les permita crecer.


 

¿Qué se observó?

Las galaxias descubiertas por ALMA se conocen por sus números de catálogo: ALMA J081740.86+135138.2 y ALMA J120110.26+211756.2. La primera se encuentra en la constelación de Ofiuco, el Serpentario, y la segunda, en una pequeña constelación llamada Coma Berenices (la Cabellera de Berenice). Ambas se encuentran a unos 12.000 millones de años luz de la Tierra. En otras palabras, su luz tardó cerca de 12.000 millones de años luz en llegar hasta nosotros, lo cual significa que las vemos como eran hace 12.000 millones de años, cuando el Universo tenía tan solo un 8 % de su edad actual. Los cuásares situados detrás están a unos 12.500 millones de años luz.

¿Quiénes observaron?

Las nuevas observaciones fueron realizadas con ALMA por un grupo de astrónomos encabezado por Marcel Neeleman, de la Universidad de California, en Santa Cruz. Marcel trabajó con Xavier Prochaska, también de Santa Cruz, y Nissim Kanekar (India), Marc Rafelski, Chris Carilli y Arthur Wolfe (los tres de Estados Unidos). Lamentablemente, Arthur Wolfe falleció antes de que el equipo publicara sus resultados en la revista semanal Science.