Buscando el borde del disco de una protoestrella

Buscando el borde del disco de una protoestrella

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Los bebés empiezan a crecer antes de nacer, cuando todavía se encuentran en el útero de la madre. Lo mismo pasa con las estrellas: antes de empezar a brillar, crecen dentro de una gran nube de polvo y gas. Un equipo de astrónomos japoneses descubrió nuevos detalles sobre el crecimiento de estas protoestrellas.

Las estrellas se forman a partir de nubes de gas que entran en colisión. El gas cae sobre sí mismo por efecto de la gravedad, hasta que empieza a acumularse y forma un disco plano, en cuyo centro se encuentra la protoestrella. También se pueden formar planetas en el disco.

Cabe preguntarse, entonces, en qué momento empiezan a formarse los discos y dónde se encuentra el punto de transición entre el gas proveniente de la nube original y el disco plano que gira. Gracias a ALMA, un equipo de astrónomos japoneses dilucidó el enigma, al menos en el caso de una protoestrella conocida como TMC-1A.

Gracias a la sensibilidad de ALMA y su capacidad de observar detalles, los científicos pudieron determinar con precisión el punto de transición entre ambos estados, a unos 13.500 millones de kilómetros de la estrella que se encuentra en pleno crecimiento. En otras palabras, el diámetro del disco tiene cerca de tres veces el tamaño de la órbita del planeta Neptuno, en nuestro Sistema Solar.

Los astrónomos también midieron la velocidad de rotación del disco, a partir de la cual pudieron calcular la masa de TMC-1A, que resultó ser equivalente a dos tercios de la masa de nuestro Sol.

Y se encontraron con una sorpresa: las mediciones de ALMA revelaron que el gas de la nube original cae a una velocidad de aproximadamente 1 kilómetro por segundo. Puede parecer muy rápido, pero en realidad es mucho más lento de lo que se esperaría si la gravedad fuera la única fuerza en acción.

Por eso los astrónomos creen que la caída del gas podría estar siendo desacelerada por campos magnéticos. También creen que el disco crecerá a medida que la protoestrella envejezca.

Desafortunadamente, TMC-1A probablemente tardará decenas de miles de años en convertirse realmente en una estrella, así que ALMA no podrá presenciar su “nacimiento”.


¿Qué se observó?

TMC-1A es una protoestrella, es decir, una estrella en formación. Su brillo proviene del calor del gas que recibe, puesto que aún no produce energía a partir de reacciones nucleares en su centro. TMC es una abreviación de Taurs Molecular Cloud (‘nube molecular de Tauro’): una gran nube de polvo y gas presente en la constelación de Tauro, a cerca de 450 años luz de nosotros. La protoestrella no es visible para los telescopios ópticos debido a que su luz es absorbida por el polvo circundante. Sin embargo, ALMA es capaz de observar a través del polvo y revelar nuevos detalles sobre el crecimiento de TMC-1A.

¿Quiénes observaron?

Las observaciones de TMC-1A fueron realizadas por Yusuke Aso y sus colegas. Yusuke es estudiante de posgrado de la Universidad de Tokio, en Japón, y forma parte de un equipo encabezado por Nagayoshi Ohashi, quien se desempeña como profesor de astronomía en el telescopio japonés Subaru, ubicado en Hawái. Junto con otros diez astrónomos japoneses, Yusuke y el profesor Ohashi escribieron un artículo sobre sus hallazgos para la revista científica The Astrophysical Journal.