Tus ojos están conectados a tu cerebro a través de espesos manojos de neuronas. Estos nervios ópticos transportan las señales desde tus dos retinas hasta tu cerebro. Tu cerebro procesa las señales y las convierte en una linda vista tridimensional de lo que te rodea. Desde luego, es importante que las señales de tu ojo izquierdo lleguen al mismo tiempo que las señales de tu ojo derecho, de lo contrario, ¡tu visión del mundo sería algo borrosa!

Con ALMA sucede más o menos lo mismo. Los ojos de ALMA (las 66 antenas) están conectadas a su cerebro (una supercomputadora gigante), no por neuronas, sino por decenas de kilómetros de cables de fibra óptica. Estos cables transportan las señales de los receptores de ALMA hasta la computadora principal, llamada correlacionador.

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El correlacionador es una computadora gigante que ocupa una habitación entera del edificio técnico ubicado en el llano de Chajnantor, a 5000 metros de altura. Este es el segundo edificio situado a mayor altura en todo el planeta. La computadora que estás usando para leer esto tiene unos pocos procesadores, mientras que el correlacionandor de ALMA tiene 134 millones de procesadores. Juntos, realizan 17 mil billones de cálculos por segundo. Por lo tanto, en cierto sentido, ¡el cerebro de ALMA es mucho más rápido que el tuyo!

¿Pero por qué necesita ALMA un cerebro tan poderoso? Pues porque es muy complicado combinar las señales de las 66 antenas. No se trata solo de juntarlas, como si juntaras 66 tazas de agua en una olla. Si se hiciera solo eso, las señales de los 66 “ojos” de ALMA se mezclarían por completo. ALMA seguiría siendo muy sensible; al fin y al cabo, las 66 antenas componen una superficie tan grande como la de una cancha de fútbol, por lo que de todas formas captarían muchas ondas milimétricas. Pero el observatorio no produciría imágenes muy detalladas.

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En cambio, hay que saber con precisión qué señal proviene de qué antena. Por lo tanto, hay que saber a la perfección la ubicación de cada antena. Y también es muy importante saber con mucha precisión en qué momento se recibió cada señal. De hecho, no puede haber un error de más de una millonésima de millonésima de segundo en el cálculo de los tiempos.

Con toda esta precisión y esta capacidad de procesamiento, el correlacionador de ALMA logra una verdadera proeza: trata los 66 “ojos” del observatorio como si fueran pequeñas partes de un gran ojo de varios kilómetros de diámetro. Resultado: ALMA no solo es muy sensible, sino que además tiene una visión muy aguda, incluso mejor que la del telescopio espacial Hubble.

Si tu cerebro pudiera hacer lo mismo, es decir, tratar tus ojos como si fueran parte de un ojo gigante de seis centímetros de diámetro, ¡tu vista sería 12 veces mejor y serías capaz de leer este texto a 20 metros de distancia!

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