Hace cuarenta años, en febrero de 1987, se produjo una explosión cósmica en el cielo austral. El hallazgo fue hecho por los astrónomos Ian Shelton y Óscar Duhalde en un observatorio emplazado en Chile. Pero no era ALMA. De hecho, ALMA ni siquiera existía, y tampoco había planes para construir un gran conjunto de antenas que observaran las ondas milimétricas provenientes del espacio. Pero hoy, ALMA estudió en gran detalle los restos de esa explosión estelar, bautizada Supernova 1987A.

Las explosiones de supernovas marcan la muerte de estrellas masivas. El núcleo de la estrella se contrae hasta formar un objeto extremadamente compacto llamado estrella de neutrones, o incluso un agujero negro. De esa forma, la mayor parte de la estrella explota en millones de pedazos. El resultado es una capa de gas en expansión que se mantiene visible durante siglos.

Durante la explosión, Supernova 1987A brilló con la intensidad de 100 millones de Soles. Incluso era visible a simple vista, pese a encontrarse a 163.000 años luz de nosotros (¡más de 1,5 trillones de kilómetros!). El fenómeno provocó la expulsión de gas estelar a velocidades de unos 30 millones de kilómetros por hora. Fue la explosión de supernova mejor observada de la historia.

Durante los años siguientes, muchos telescopios observaron el remanente en expansión de Supernova 1987A, como el telescopio espacial Hubble y el Observatorio Chandra de Rayos X de la NASA. Y cuando ALMA quedó listo en 2012, también se pudo observar las ondas de radio milimétricas y submilimétricas de la supernova.

En el 40 aniversario de la supernova, los astrónomos publicaron muchas imágenes nuevas y animaciones de la explosión. Las observaciones de ALMA muestran la radiación submilimétrica de las partículas de polvo del remanente de supernova. Resulta que Supernova 1987A es una eficiente fábrica de polvo, y es muy probable que otras supernovas también lo sean.

Cuando la supernova aún era una estrella activa, se fabricaban nuevos elementos en su interior (como el carbono, el nitrógeno, el oxígeno e incluso el hierro). Al explotar la estrella, estos elementos fueron arrojados al espacio, junto con grandes cantidades de gases, más livianos. Cuando el material hirviente empezó a enfriarse, los elementos pesados se aglomeraron y formaron moléculas más granes, hasta condensarse en partículas de polvo.

En el futuro, estas partículas de polvo podrían servir de material para el nacimiento de nuevos planetas. De hecho, es probable que la Tierra se haya formado a partir de polvo producido en otra explosión de supernova, hace miles de millones de años. Por eso, Supernova 1987A puede ayudarnos a entender el nacimiento de nuestro propio planeta.


 

¿Qué se observó?

Supernova 1987A es la explosión final de una estrella masiva conocida como Sanduleak -69º 202. Era una supergigante azul situada en la Gran Nube de Magallanes, una pequeña galaxia cercana a nuestra Vía Láctea. La explosión de la supernova ocurrió el 23 de febrero de 1987. En realidad, se produjo hace unos 163.000 años, pues eso fue lo que tardó la luz para llegar hasta nosotros. Los astrónomos han estudiado el remanente en expansión de Supernova 1987A desde entonces, pero todavía no saben si el núcleo de la estrella dio nacimiento a una estrella de neutrones densa o a un agujero negro tras la explosión.

¿Quiénes observaron?

En el 40 aniversario de Supernova 1987 se publicaron muchas observaciones, como las mediciones realizadas por el telescopio espacial Hubble y el Observatorio Chandra de Rayos X de la NASA. Las observaciones de la Supernova 1987A con ALMA fueron realizadas por un grupo de astrónomos encabezado por Remy Indebetouw, de la Universidad de Virginia, en California (EE. UU.). Remy y sus colegas publicaron los resultados del estudio en The Astrophysical Journal Letters.