ALMA permitió resolver un enigma astronómico de quince años. Las observaciones realizadas en el observatorio de 66 antenas revelaron la verdadera naturaleza de un misterioso objeto situado en el Universo distante.

Se trata de LAB-1. LAB es una sigla que corresponde a Lyman Alpha Blob, o ‘mancha Lyman-alfa’. Para nosotros, es una enorme mancha de luz en el cielo nocturno que tiene cerca de tres veces el tamaño de nuestra galaxia, la Vía Láctea. Pero como está tan lejos, a unos 11.500 millones de años luz, solo es visible usando un telescopio de gran tamaño.

La luz visible de LAB-1 ha viajado por el Universo en expansión. En consecuencia, sus ondas de luz se estiraron. Los astrónomos calcularon que el brillo debe de haber sido emitido en longitudes de onda ultravioleta (UV). La luz UV es la que hace que te broncees cuando te expones al sol. Ahora bien, nadie sabía el origen del brillo ultravioleta de LAB-1.

ALMA encontró la respuesta. En longitudes de onda milimétricas, ALMA detectó la radiación de polvo frío presente en dos grandes galaxias, ambas situadas en el centro de la gran mancha. Otros instrumentos, como el telescopio espacial Hubble y el telescopio Keck, de Hawái, descubrieron que las dos galaxias forman parte de un gran enjambre donde abundan galaxias más pequeñas.

Los astrónomos creen que se trata de un protocúmulo, es decir, un cúmulo de galaxias en formación. Allí, puede haber galaxias enanas estrellándose contra las dos más grandes, que, a su vez, influyen la una sobre la otra a través de sus fuerzas de gravedad. Debido a todas estas interacciones, muchas estrellas nuevas están naciendo en ambas galaxias: cerca de 100 veces la cantidad de nacimientos estelares que se producen en nuestra Vía Láctea.

Las estrellas jóvenes y calientes emiten radiación ultravioleta. Pero es una luz que nos llega con dificultad debido a que el protocúmulo está metido dentro de una enorme nube de gas frío. Y ese gas refleja y esparce la luz ultravioleta. De ahí que cobre el aspecto de una mancha brillante, similar a una lámpara cubierta de niebla.

Los astrónomos descubrieron más manchas Lyman-alfa como LAB-1, y todas podrían contener galaxias incubadoras de estrellas en protocúmulos. El nuevo hallazgo ayudará a los astrónomos a entender mejor las primeras etapas de formación de los cúmulos de galaxias.


 

¿Qué se observó?

La mancha SSA22-Lyman-alpha 1, o LAB-1, se descubrió en el 2000. Aunque parezca una tenue manchita de luz, tiene una extensión de unos 300.000 años luz. La razón por la que se ve tan pequeña es que se encuentra a unos 11.500 millones de años luz de nosotros, en la constelación de Acuario, el portador de agua. Es decir, la luz de LAB-1 que detectamos ahora fue emitida hace 11.500 millones de años. En ese entonces, el Universo tenía solo 2.300 millones de años, es decir, un sexto de la edad que tiene ahora.

¿Quiénes observaron?

LAB-1 fue estudiada por muchos telescopios grandes: el European Very Large Telescope, ubicado en Cerro Paranal, en el norte de Chile, el telescopio Keck, situado en Mauna Kea (Hawái), el telescopio espacial Hubble y ALMA. La campaña de observación fue encabezada por Jim Geach, de la Universidad de Hertfordshire (Hatfield, Reino Unido). Jim trabajó con docenas de investigadores de todo el mundo. Los resultados de estas observaciones también se publicaron en The Astrophysical Journal.