En una distante galaxia hay un agujero negro gigante destinado a recibir una gran tormenta. Gracias a ALMA, un equipo de astrónomos descubrió enormes nubes de gas frío que precipitan hacia el agujero negro. Y de nada serviría un paraguas, pues tendría que tener cientos de años luz de extensión.

La mayoría de las galaxias distantes tienen agujeros negros gigantes en el centro, y estos agujeros negros supermasivos se tragan el gas que los rodea. Cuando una galaxia forma parte de un cúmulo, el gas abunda a su alrededor, puesto que el espacio existente entre las galaxias de los cúmulos están llenos de gas tenue y extremadamente caliente.

Los astrónomos creían, desde hacía tiempo, que los agujeros negros supermasivos normalmente se alimentaban lenta y continuamente de este gas caliente, como si hubiera una lluvia constante de gas caliente en el cielo. Pero ahora ALMA descubrió que los agujeros negros supermasivos también pueden devorar chorros intermitentes de nubes de gas muy frío, similares a chubascos repentinos.

En la galaxia central de un cúmulo conocido como Abell 2597, situado a unos 1.000 millones de años luz de la Tierra, ALMA detectó tres nubes de gas frío que se precipitan hacia el agujero negro supermasivo presente en su núcleo. Son nubes de algunos cientos de años luz de extensión. Considerando que tienen aproximadamente un millón de veces la masa de nuestro Sol, ¡estamos hablando de una tremenda tormenta!

Estas nubes de gas precipitan hacia el agujero negro supermasivo a unos 300 kilómetros por segundo. Otras observaciones hechas por el radioobservatorio VLA, en Estados Unidos, revelaron que las nubes ya se encuentran a unos 300 años luz del agujero negro, y que faltan apenas unos cientos de miles de años para que lo alcancen.

A la distancia a la que se encuentra la galaxia, normalmente sería muy difícil detectar las nubes de gas aisladas, incluso con la impresionante capacidad que tiene ALMA. Su descubrimiento se debe a que tapan parte de la radiación milimétrica que proviene de partículas energéticas mucho más cercanas al agujero negro. En otras palabras, ALMA vio la silueta de las nubes frías resaltada por el fondo brillante, al igual que una nube oscura y cargada de agua en el cielo claro de un cálido día de verano.

El número de nubes de gas frío que se precipitan hacia el agujero negro es probablemente mucho mayor; quizá sean miles. Todavía no queda muy claro cómo el gas caliente que se encuentra entre las galaxias puede enfriarse y condensarse en pequeñas nubes de gas mucho más frío. Pero aparentemente, la lluvia de gas sobre un agujero negro supermasivo puede ser mucho más caótica de lo que se pensaba.


 

¿Qué se observó?

Abell 2597 es un pequeño cúmulo compuesto de unas pocas docenas de galaxias situadas en la constelación de Acuario, el Portador de Agua. La galaxia central del cúmulo contiene un agujero negro gigante en su centro que tiene cerca 300 millones de veces la masa de nuestro Sol. El Observatorio Chandra de Rayos X de la NASA ya había observado gas caliente en las cercanías de la galaxia. Ahora, ALMA también detectó pequeñas nubes de gas mucho más frío que se precipitan hacia el agujero negro supermasivo.

¿Quiénes observaron?

El hallazgo de las pequeñas nubes de gas frío que se precipitan hacia el agujero negro supermasivo ubicado en la galaxia central del cúmulo Abell 2597 lo hizo un numeroso grupo de astrónomos de distintos países. El equipo fue encabezado por Grant Tremblay, de la Universidad Yale, en New Haven, Connecticut. El descubrimiento se publicó en el semanario científico Nature.