¿Has visto la Vía Láctea? Parece ser una débil franja de luz en el cielo que se ve en lugares oscuros y en noches sin luna. Nadie sabía qué era ese tenue brillo hasta que se inventó el telescopio. A partir de ahí, se supo que la Vía Láctea está hecha de miles de estrellas poco brillantes. Sin un telescopio es imposible observar las estrellas por sí solas: lo único que vemos es el brillo de todas ellas juntas.

Cuando se observa en ondas submilimétricas e infrarrojas se ve un brillo similar que cubre todo el cielo, conocido como fondo cósmico infrarrojo o CIB en su sigla en inglés. Nuestros ojos son incapaces de ver ese débil “brillo caliente”, pero los telescopios y satélites infrarrojos lo han detectado por todas partes. Y nadie sabía qué era.

Ahora ALMA dilucidó el enigma. Un equipo de astrónomos japoneses revisó cuidadosamente el archivo de resultados de observaciones realizadas anteriormente con el Atacama Large Millimeter/submillimeter Array (ALMA) en busca de fuentes muy débiles de radiación submilimétrica y milimétrica, y encontró 133 fuentes. Al comparar las observaciones de ALMA con fotografías tomadas por el telescopio espacial Hubble y el telescopio japonés Subaru, ubicado en Hawái, descubrieron que cerca de 80 fuentes (aproximadamente un 60 %) eran galaxias muy lejanas.

Lo más probable es que hayan detectado apenas las más brillantes de estas débiles fuentes milimétricas y submilimétricas y que haya muchas más que, por ser tan débiles, ni siquiera ALMA puede ver. En consecuencia, el equipo sostiene que el fondo cósmico infrarrojo no es un brillo uniforme, sino un conjunto de innumerables fuentes tenues y aisladas. Los telescopios más antiguos no eran capaces de distinguirlas, de la misma forma que nuestros ojos son incapaces de distinguir estrellas en el brillo tenue de la Vía Láctea.

Y si el 60 % de las fuentes del fondo cósmico infrarrojo son galaxias, ¿qué vendría siendo el 40 % restante? Nadie sabe, pero bien podrían ser pequeñas galaxias que contienen grandes cantidades de polvo; tanto polvo que la luz visible y la radiación infrarroja no lo atraviesan.


¿Qué se observó?
Nosotros podemos ver el Sol, la Luna, los planetas y las estrellas. Usando telescopios, los astrónomos han podido descubrir nebulosas, cúmulos estelares y galaxias. Pero en distintas longitudes de onda, el espacio existente entre las estrellas parece estar lleno de un brillo tenue y uniforme. En las longitudes de onda visibles ese brillo es generado por un sinfín de estrellas tenues y lejanas. Se sabía que el brillo observado en la frecuencia milimétrica correspondía al brillo dejado por la Gran Explosión o Big Bang, pero la naturaleza exacta del fondo cósmico infrarrojo era un misterio. Hasta ahora.

¿Quiénes observaron?
Seiji Fujimoto, estudiante de posgrado de la Universidad de Tokio, dirigió el equipo de investigación que hizo el hallazgo. Seiji trabajó con Masami Ouchi, Yoshiaki Ono, Takatoshi Shibuya, Masafumi Ishigaki, Hiroshi Nagai y Rieko Momose. Juntos, examinaron los resultados de observaciones hechas por ALMA durante un lapso de dos años y medio. Seiji y sus colegas publicaron sus hallazgos en la revista The Astrophysical Journal Supplement el 28 de diciembre de 2015.