Los cúmulos globulares son los dinosaurios del Universo. Se trata de enormes conglomeraciones esféricas que concentran cientos de miles de estrellas, algo así como una gran bola de espejos cósmica. Al igual que los dinosaurios, «nacieron» hace mucho, mucho tiempo, cuando el Universo se encontraba en su infancia.

Para sorpresa de muchos, un grupo de astrónomos descubrió, gracias a ALMA, un cúmulo globular en pleno proceso de formación cerca de una pareja de galaxias en colisión situada a unos 50 millones de años luz de nosotros. Un poco como si encontraras un huevo de dinosaurio en tu jardín a punto de abrirse.

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Los cúmulos globulares solo pueden formarse a partir de nubes de gas densas y masivas, nubes lo suficientemente grandes como para contener quizá varios millones de estrellas. Cuando el Universo era joven, estas enormes nubes de gas abundaban. De hecho, todos los cúmulos globulares nacieron hace miles de millones de años.

Con ALMA se detectó una densa y masiva nube de gas en las galaxias Antena, dos galaxias en colisión que se están fundiendo para formar una sola galaxia. Por efecto de las fuerzas gravitacionales y las ondas de choque, el gas en las galaxias se comprime y forma grandes aglomeraciones donde se formarán nuevas estrellas durante el próximo millón de años, aproximadamente.

Una de estas aglomeraciones, apodada Petardo, parece ser lo suficientemente grande como para convertirse en un nuevo cúmulo globular en el futuro. Aunque tiene un diámetro de menos de 150 años luz, el Petardo contiene una cantidad de materia equivalente a 50 millones de estrellas similares a nuestro Sol. Además, la presión del gas presente en la nube es 10.000 veces más grande que en las nubes de gas interestelar «normales».

Los astrónomos usaron ALMA para observar la radiación milimétrica del monóxido de carbono en el Petardo, lo que les permitió calcular la masa total y la presión de la nube. También descubrieron que todavía no se han formado nuevas estrellas en la nube, con lo cual es realmente un huevo cósmico a punto de romper el cascarón.

Observar la formación de un cúmulo globular es un poco como ser testigo del nacimiento de un Tyrannosaurus rex: algo que solo podría haber ocurrido en un pasado muy distante. El hecho de poder observarlo ahora puede ayudar a los astrónomos a aprender mucho sobre fenómenos ocurridos hace muchísimo tiempo.


¿Qué se observó?
Las galaxias Antena (también conocidas como NGC 1238 y NGC 1239) son dos galaxias que entraron en colisión hace unos 600 millones de años. Se encuentran a una distancia de aproximadamente 50 millones de años luz, en la constelación de Corvus, el Cuervo. La interacción de sus fuerzas de gravedad genera largas colas de gas y estrellas recién nacidas que son lanzadas al espacio. En el futuro las dos galaxias se fusionarán y formarán una gran galaxia.
¿Quiénes observaron?
Las observaciones del Petardo —la densa y masiva nube de gas de las galaxias Antena a partir de la cual podría formarse un nuevo cúmulo globular— fueron realizadas con ALMA por un equipo de astrónomos encabezados por Kelsey Johnson, de la Universidad de Virginia, en Charlottesville. Kelsey trabajó con su colegas de Virginia Rémy Indebetouw y Aaron Evans, así como con astrónomos del Observatorio Radioastronómico Nacional de Estados Unidos y del Space Telescope Science Institute. Los resultados de esta observación se publicarán en la revista The Astrophysical Journal.