Si dejamos un helado al sol al poco rato ya no podemos comerlo: el hielo se derrite y lo único que queda es un charco azucarado. Todos saben que el helado hay que guardarlo en un lugar frío.

En el espacio no hay helados, pero algunas moléculas son tan vulnerables a la radiación como el helado a los rayos solares.

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Las moléculas son grupos de átomos. Algunas de ellas, como las moléculas de agua, están formadas por apenas tres átomos. Otras moléculas más complejas presentes en el espacio, como el hidrógeno, el carbono y el nitrógeno, tienen cinco, seis y hasta más átomos. Al ser expuestas a radiaciones muy intensas, estas moléculas orgánicas más grandes se rompen y se desintegran con mucha facilidad.

Para su gran sorpresa, un equipo de astrónomos encontró grandes moléculas de este tipo en una región turbulenta cerca del agujero negro central de una galaxia. En ella, el gas que fluye hacia el agujero negro se vuelve extremadamente caliente antes de desaparecer por completo. Ese gas caliente emite enormes cantidades de radiación energética ultravioleta y de rayos X.

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Lo normal sería que esta intensa radiación destruyera las frágiles moléculas orgánicas presentes en las cercanías. No obstante, las observaciones de ALMA revelaron la presencia de complejas moléculas con nombres curiosos como cianoacetileno y acetonitrilo cerca del agujero negro. Es como si dejáramos un helado al sol y no se derritiera.

En zonas más alejadas del agujero negro, donde hay menos radiación, ALMA también detectó una gran variedad de moléculas. Estas se encuentran en el llamado anillo con brotes de formación estelar que rodea el núcleo de una galaxia, a una distancia de aproximadamente 3.500 años luz. Pero lo que realmente sorprendió fue el hecho de que las moléculas más frágiles sobrevivan en el centro de esa galaxia.

Los astrónomos creen que esto se debe a que algunas partes del núcleo galáctico están protegidas de la radiación energética por densas nubes de polvo y gas. Gracias a este escudo, las grandes moléculas orgánicas pueden sobrevivir.

La próxima vez que estés comiendo un helado al sol, haz la prueba: si te pones a la sombra, en un lugar más fresco, el helado se derrite más despacio.


¿Qué se observó?
Las moléculas de una gran galaxia en espiral conocida como M77 (de NGC 1068), situada a 47 millones de años luz de nosotros en dirección de la constelación de Cetus, o Ballena. Al igual que la mayoría de las galaxias, la Ballena tiene un agujero negro supermasivo en su centro rodeado por un disco de polvo y gas. Lejos del centro galáctico se encuentra un anillo con brotes de formación estelar, donde nacen grandes cantidades de estrellas.

¿Quiénes observaron?
Las observaciones de M77 con ALMA fueron realizadas por un equipo formado principalmente por astrónomos japoneses y encabezado por Shuro Takano, del Observatorio Astronómico Nacional de Japón (NAOJ, por su sigla en inglés), y Taku Nakajima, de la Universidad de Nagoya. Ambos ya habían estudiado esta galaxia con el radiotelescopio japonés Nobeyama, de 45 metros. Sin embargo, las observaciones de ALMA revelaron mucha más información, a pesar de haber sido realizadas con apenas 16 de las 66 antenas de ALMA. Los resultados de la observación se divulgaron en dos artículos publicados en la revista Publications of the Astronomical Society of Japan.